>Curso de Método Masterson

En esta lección, continuaremos nuestra travesía por encima de la cruz, buscando esos puntos mágicos. ¿Y qué buscamos? ¡El parpadeo claro! Es una señal de que hemos encontrado un punto donde el caballo tiene tensión acumulada. Pero aquí viene una advertencia importante: debemos asegurarnos de no tocar el resto del cuerpo del caballo con nuestro brazo.

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Estamos trabajando en un punto específico del meridiano, ¿entendido? Si llevamos chaquetas o prendas que nos puedan molestar, ¡es momento de despojarnos de ellas para facilitar mantener nuestro brazo alejado del cuerpo del caballo mientras trabajamos en el meridiano. Y de nuevo, utilizaremos presiones suaves como la yema de huevo o la cámara de aire.

Recuerda mantener tu cuerpos relajado, sin tensión en la mandíbula ni en las manos, y asegurate de que el ramal esté suelto. Algunos caballos tienen patrones específicos antes de liberar tensiones, como rascarse las patas o comenzar a masticar y relamerse. Observa cómo Peque, nuestra colaboradora, libera la tensión y va recolocando su cuerpo en respuesta a cada punto trabajado. Es una maravilla presenciar cómo se adapta y se siente mejor en su propio ser.

Continuamos nuestro viaje a lo largo del dorso, manteniendo una distancia adecuada. En este punto, incluso antes de tocarla, Peque ya está parpadeando. Eso nos indica su grado de sensibilidad al tacto y al contacto. Como siempre, nos adaptamos a cada caballo, escuchando sus necesidades y respondiendo a ellas. Si en algún momento nos despistamos y creemos que hemos perdido el punto, no hay problema. Regresamos a donde estábamos y continuamos.

Es fundamental recordar no tocar el cuerpo del caballo con nuestro brazo. ¡Déjenle espacio para que se sienta cómodo! Aquí, Peque está haciendo cambios de respiración importantes y ajustándose en sus posteriores. Observen cómo va procesando la liberación de tensión.

Avanzamos sin cesar, buscando más puntos a lo largo del meridiano. Cada respuesta sutil del caballo nos guía hacia el siguiente punto. A veces, hay distracciones, pero no pasa nada. Mantenemos nuestra presencia y esperamos a que Peque vuelva a enfocarse.

Y así, continuamos nuestro viaje, trabajando en los puntos que se revelan ante nosotros. Observamos cómo Peque libera la tensión y se recoloca en su nuevo estado de equilibrio. La técnica del Meridiano de Vejiga tiene un poder sanador profundo, y a medida que avanzamos, recordamos que después de una sesión como esta, es importante permitir que el caballo se mueva libremente y se ajuste a su nueva configuración corporal.

Recuerda que cada caballo es único y tiene su propio ritmo. Así que sigamos adelante, explorando y aprendiendo en este fascinante viaje hacia la maestría ecuestre.

Recuerda que si tienes alguna pregunta o inquietud, puedes utilizar el formulario en nuestra intranet para comunicarte con nosotros. Estamos aquí para ayudarte en tu viaje hacia el entendimiento y la conexión con tu caballo. ¡Hasta la próxima lección donde continuaremos mostrando de forma práctica como aplicar la técnica!